Omara Portuondo: Sin cantar me siento fatal
viernes, 7 de noviembre de 2014 9:56 By Augusto Socìas
Madrid,(EFE) .-Omara Portuondo tenía
28 años cuando sus compañeras del cuarteto D'Aida "medio la embaucaron"
para que grabara "Magia negra", su primer disco en solitario. Ahora que
es "la diva" y que "ya ha llovido fino" 55 años más, ha querido
reeditarlo y la experiencia ha sido una "felicidad" completa.
"Mi vida es una sorpresa. Nada ha sido preparado. He recibido muchísimo,
sin pretenderlo, sin pedirlo. Mi madre me dijo que cantara y el máximo
de mi ambición era hacerlo en un coro y, fíjese, qué carrera tan
grande", explica en una entrevista con Efe "la diva", la "lideresa" del
Buena Vista Social Club.
Le hubiera gustado hacer la
entrevista con EFE recostada en la cama, porque "debe ser el único
lugar" en el que no ha respondido a un periodista, desvela con la misma
picardía que desgrana durante toda la conversación.
"Me gusta
mucho reírme", asegura, para acto seguido entonar "lo que me queda por
vivir/será en sonrisas/ porque el dolor yo de mi vida lo he borrado" con
la cadencia y timbre que le granjearon el apodo de la "novia del
'feeling'".
La reedición del disco es "culpa" de sus
compañeros "fanáticos", es decir, los músicos que le rodean, siempre
pidiéndole "más cosas", y especialmente de su hijo, que se encontró "por
la casa" el antiguo disco y le "pidió explicaciones".
"Me
acordé de tantas cosas de mi vida, de todos los músicos con los que he
trabajado... Todo se lo debo a ellos. Por su cariño y su interés he
llegado aquí así que cuando me lo dijeron, dije 'vamos a rehacerlo'".
No le resultó nada difícil regrabar el disco, producido por Juan
Ceruto, porque se ha rodeado de "excelentes músicos", jóvenes que
demuestran "que la música no tiene edad y que a todos iguala".
El disco original, grabado plena Guerra Fría y poco antes de la llamada
Crisis de los Misiles, contiene piezas del jazz como "That old black
magic" de Duke Ellington o "Caravan" y otros como "Llanto de Luna",
"Noche Cubana" o "No puede ser feliz", y ya nadie de los que le acompañó
entonces "existe".
Ahora, sus "cómplices" son Rolando Luna al
piano, Gastón Joya en el bajo, Rodney Barreto en la batería y Andrés
Coayo en la percusión, a los que conoce desde que ellos empezaron sus
carreras.
"Son muy talentosos. Aportan cosas que me hacen
reacciones. Son espontáneos, actualizados... La alegría de la vida",
bromea de nuevo, convencida de que "la magia" es, precisamente,
"conectar" con los demás, independientemente de tiempo y espacio.
En "Magia negra" colabora ahora con el cantante brasileño Ivan Lins,
el trompetista Alexander Abreu, el percusionista Tomás Ramos, la
vocalista cubana Yanet Valdez, el declamador Luis Carbonell y el popular
cantante de reggaeton El Micha.
El reconocimiento mundial de
Portuondo se debe en gran parte a su protagonismo en Buena Vista Social
Club, un proyecto cumbre de la música cubana popularizado en la década
de 1990, y al que sigue vinculada "p'a siempre".
Su forma de
cantar, su elegancia y legato en el fraseo recuerdan a la de las
sopranos, pero, dice humilde, aunque le hubiera gustado cantar ópera,
como hace "la gran Montserrat Caballé", a la que tanto admira, su voz
"no llega a eso".
Cuando no trabaja lo que más le gusta hacer
es "acostarse a dormir" y ver la televisión sobre todo el programa
"Saber y Ganar" de la televisión pública TVE, asegura muy seria mientras
imita al presentador Jordi Hurtado con cariñoso acierto.
Pero
lo cierto es que procura pasar descansando el mínimo tiempo posible en
su casa de La Habana porque ella lo que quiere es cantar.
"Actuar es un castigo. Cuando no tengo actividad, me siento fatal, como
dicen ustedes", afirma mientras alarga la "a" a "la madrileña", porque
ella, bromea de nuevo, es "el resultado" de una española y de un
"prieto".
Le entra, detalla, "impotencia" y se pregunta "para
qué sirve". "Necesito al público y cuando me corresponde, me siento
feliz", confiesa esta mujer a la que siempre han comparado con Sarah
Vaugham o Ella Fitzgerald: "es que son muy generosos", dice muerta de
risa otra vez imitando a una niñita.

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